martes, 21 de febrero de 2017

Las problemáticas y retos de los jóvenes de hoy
En el caso de Colombia, Muñoz (2003) afirma que los jóvenes entre 14 y 26 años representan el 21% del total de la población colombiana. Desafortunadamente, muchos de ellos están marginados de la ciencia y la tecnología, de las posibilidades de trabajo, la participación política, la recreación y las posibilidades de expresión. Esta situación es caldo de cultivo para el ingreso y la participación en diversos circuitos de ilegalidad: delincuencia común, guerrilla, paramilitares, redes del narcotráfico y contrabando, prostitución, etcétera. Ante estas problemáticas, sostiene Muñoz, el Estado colombiano, como muchos otros en Latinoamérica, ha tomado acciones que han ido desde la elaboración de documentos y leyes hasta la creación de viceministerios y consejerías. Sin embargo, a pesar de los recursos y esfuerzos, los asuntos de juventud no han logrado generar los resultados previstos porque, entre otras cosas, las políticas de juventud no han tenido un norte, ni metas productivas, ni un fundamento investigativo. Para Muñoz, el panorama muestra dos grandes tendencias: o bien los asuntos de juventud han dejado de estar en la atención pública como efecto de la crisis económica, política y criminal que hace de ciertas situaciones “asuntos no-prioritarios” o bien las políticas que se trazan se desdibujan, pierden vigencia y no trascienden en las agendas públicas. En cuanto a retos, Donas (2001) afirma que los jóvenes latinoamericanos tienen grandes desafíos en seis diferentes áreas, entre las cuales existen innumerables vínculos y componentes. Sostiene, además, que los jóvenes parecen entender que sus problemas específicos no podrán ser solucionados si los problemas generales de nuestros países no son corregidos antes o conjuntamente. Igualmente, Donas explica que los jóvenes manifiestan pesimismo sobre la posibilidad de que esos cambios ocurran en el corto plazo, en particular por su desencanto con los gobiernos y los políticos 
Las problemáticas y retos de los jóvenes de hoy
 Con base en un estudio iberoamericano descriptivocomparativo, Casullo et al. (2001) afirman que las problemáticas de la juventud hacen referencia a toda situación que vulnera su autoestima o que obstaculiza su satisfacción de normas y expectativas sociales. Para estas autoras, tales problemáticas suponen valoraciones negativas de sucesos o situaciones particulares que impactan tanto el ego como las relaciones con otros sujetos, objetos y eventos. Desde esta perspectiva, establecieron ocho tipos de problemas: personales (enfermedades, imagen corporal, alcoholismo, depresión, crisis de fe, etcétera), pérdidas con significación afectiva (muerte de seres queridos, cambios de lugar de residencia, desempleo, peleas con amigos, etcétera), familiares (separación o divorcio de los padres, discusiones con hermanos o tíos, abandono, negligencia, etcétera), legales/violencia (accidentes, intervención policial, asaltos, robos, abusos, actividades delictivas, entre otros), sexuales (violaciones, embarazos no deseados, conflicto con la identidad sexual, enfermedades sexuales, etcétera), educativos (dificultades de aprendizaje, pérdida de exámenes, confusión vocacional, fracaso escolar, discriminación, entre otros), paternos/maternos (vicios de los padres, castigos físicos por parte de los padres, padecimientos de los padres, nueva pareja de los padres, etcétera) y otros (relaciones de romance, relaciones de amistad, vínculos con pares, etcétera). Sobre problemáticas de los jóvenes latinoamericanos, Rodríguez (2001) afirma que la juventud es el eje central de los dos principales problemas de la región —el desempleo y la inseguridad ciudadana— y, por si fuera poco, son también un factor de gran relevancia en el tercer gran problema de la región: la fragilidad democrática. Rodríguez también destaca la existencia de problemas como la exclusión social, el aislamiento social, el hueco normativo y la presencia de subculturas marginales y violentas. Por otra parte, Rodríguez asegura que, ante estas problemáticas, las sociedades latinoamericanas muestran una marcada ambivalencia porque miran a sus jóvenes como una “esperanza bajo sospecha”, un grupo del que se espera mucho, pero a la vez se desconfía de sus posibles y temidos “desbordes” juveniles. 
Enfoques, variables y representaciones
sobre juventud Citando a Kon (1990), Domínguez (2008) sostiene que por ser periodos claves en el proceso de socialización del individuo, la adolescencia y la juventud se pueden ver desde tres enfoques: biogenético, sociogenético y psicogenético. El enfoque biogenético considera la maduración de los procesos biológicos como base del análisis de los procesos del desarrollo experimentados en la adolescencia y la juventud. Por su parte, el enfoque sociogenético caracteriza estas etapas en función de las regularidades que adopta el proceso de socialización del individuo. Finalmente, el enfoque psicogenético centra su atención en las funciones y los procesos psíquicos que caracterizan cada etapa, ya sea como desarrollo afectivo (teorías psicodinámicas), desarrollo cognitivo (teorías cognitivistas) o desarrollo de la personalidad (teorías personológicas). Para Domínguez, cada uno de los enfoques permite entender cómo el joven estructura a través de planes, objetivos, metas y estrategias, su proyecto de vida.

Según León (2004), con la publicación en 1904 de un tratado sobre la adolescencia, el psicólogo Stanley Hall constituye a la adolescencia y la juventud como campos de estudio dentro de la psicología evolutiva, definiéndolas como edades tormentosas con innumerables tensiones en las que el joven adquiere los caracteres humanos más elevados. Lozano (2003) sostiene que la búsqueda de una definición de lo juvenil no es simple porque éste es uno desde el punto de vista de la biología y es otro si se habla de una cualidad social o fenomenológica. Así, mientras algunos ven a los jóvenes como aquellos que no pueden seguir siendo considerados niños pero que todavía no son adultos, otros los definen como aquellos que se revelan y/o luchan por el poder de los mayores. Por su parte, Soto (2005) afirma que la adolescencia y la juventud se han interpretado desde diversas perspectivas que han aportado un conjunto de conocimientos acerca de estas edades. El psicoanálisis, por ejemplo, plantea a la adolescencia como una fase de cambio que implica lo que se ha llamado el “segundo nacimiento”. La sociología y la antropología, en cambio, afirman que la juventud es una construcción histórico-social, producto del conjunto de relaciones instituidas en una sociedad 
Ante esta pluralidad de posiciones, Pérez (2002, citado en Machado et al., 2008) ofrece unos criterios comunes en la literatura sobre juventud. Así, entre otras cosas, la juventud:
 • es un concepto relacional que adquiere sentido en la interacción con categorías como las de género, etnias y clase social;
 • es históricamente construida puesto que los contextos social, económico y político configuran características concretas sobre el vivir y percibir lo joven;
 • es situacional ya que responde a contextos concretos bien definidos; 
• está constituida tanto por “hétero-representaciones” elaboradas por agentes o instituciones sociales externos a los jóvenes, como por autopercepciones de los mismos jóvenes;
 • se construye en relaciones de poder definidas por condiciones de dominación, centralidad o periferia, en las que se dan procesos complejos de complementariedad, rechazo, superposición o negación, y 
• se produce tanto en lo cotidiano en ámbitos íntimos como los barrios, la escuela y el trabajo como en lo “imaginado” en comunidades de referencia como la música, los estilos y la internet.
 El concepto de juventud corresponde a una construcción social, histórica, cultural y relacional, que a través de las diferentes épocas ha adquirido significados y restricciones diferentes porque “la juventud y la vejez no están dadas, sino que se construyen socialmente en la lucha entre jóvenes y viejos”